¿De qué nos sirve una legislación que castiga la ablación si luego no se persigue?

Por Inés Luján (@ineslujan)

Dos niñas gambianas residentes en España fueron mutiladas por su abuela en un viaje a su país natal. La justicia española acaba de absolver a sus padres, ya que entiende que estos no participaron en la ablación ni dieron su consentimiento.

La familia viajó a Gambia en 2006, y anteriormente una médica española les había avisado de que aquí la ablación es delito y que se enfrentaban a penas de cárcel de hasta 12 años. En una revisión médica posterior, nada más y nada menos que cinco años después, se descubrió que las niñas habían sido mutiladas. 

Según la sentencia, los padres dejaron a las dos niñas (de tres y ocho años en esos momentos) con su abuela, mientras ellos visitaban a otros familiares. Cuando volvieron descubrieron que la abuela les había practicado la ablación a ambas. Los padres estaban en contra, pero no denunciaron los hechos. Ahora han sido absueltos por la justicia española, que no se ha dignado en buscar y juzgar a la abuela. ¿Para qué nos sirve tener una legislación que castiga la mutilación femenina si luego no se persigue a los que la practican? ¿Podemos afirmar que tenemos una legislación efectiva? Este caso deja patente que no.

Con la absolución de los padres el caso queda cerrado y olvidado para siempre, pero el crimen sigue ahí. Dos niñas fueron mutiladas por una tradición de maltrato a la mujer que se remonta siglos atrás, y que incluso hoy en día seguimos sin poder detener. Janet Naningoi, una keniata que tuvo que huir de su casa para evitar la ablación cuando tenía nueve años, explica que esta se justifica con mitos muy arraigados en la sociedad africana. “Si la niña no es circuncidada antes del casamiento, creen que el marido morirá, la matrona se quedará ciega en el momento del parto o el bebé nacerá con alguna anomalía.” Todos estos mitos justifican que la mujer debe sufrir para evitar el sufrimiento de otros, y si no lo hace se le tacha de cobarde. Tener que huir puede parecer terrible, pero es la mejor opción, y muy pocas tienen acceso a esta vía.

Janet Naningoi. Fuente: El País.

Todas las mujeres que pueden venir a España reciben ayuda médica y de muchas asociaciones de mujeres para darles voz y denunciar su caso. Todo son pequeños gestos: una médica que advierte a unos padres que la ablación es delito, asociaciones que ayudan a mujeres para que den charlas de concienciación, programas educativos que dan estudios a estas mujeres, etc. Digo ‘pequeños gestos’ porque pese a que todas estas acciones sean casi heroicas, no hay nada que hacer si la justicia no persigue estos delitos. España tiene una legislación que impone hasta doce años de cárcel por practicar la ablación, y hay que ponerla en marcha, ya que en la actualidad estos delitos pasan inadvertidos.

 

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