Sexismo en el cine: el Test Bechdel

Por Clara Elena Martínez

Suecia se ha convertido hoy en día en un paradigma del progreso y la modernidad en muchos sentidos. En materia de igualdad de género, se sitúa en cuarta posición en el ránking que elabora el Foro Económico Mundial. Así pues, este país también es escenario de una interesante propuesta: un barómetro que mide el grado de igualdad de género que presentan las películas. 

Para decidir si una película promueve o no la igualdad se somete al llamado Test Bechdel, que debe su nombre a la ilustradora y lesbiana militante Allison Bechdel. La artista publicó en su cómic de 1985 Dykes to Watch Out For (Unas bollos de cuidado en español) unas viñetas en las que las protagonistas hablan sobre si ir o no al cine y una de ellas dice que solo ve películas que cumplan con tres requisitos: primero, que aparezcan como mínimo dos mujeres; segundo, que hablen entre ellas; y tercero, que el tema de conversación no sea un hombre.

Unas bollos de cuidado (Dykes to watch out for), por Allison Bechdel.

Unas bollos de cuidado (Dykes to watch out for), por Allison Bechdel.

Puede que el origen de este test resulte cómico, pero el contexto en el que surge no lo es. En 2012, solo el 9% de las 250 películas más taquilleras fueron dirigidas por mujeres. En los últimos 85 años, solo cuatro veces ha estado nominada una mujer al Óscar a la mejor dirección y fue en 2010 cuando la primera, Kathryn Bigelow, se alzó con la estatuilla. En 2011, solo el 33% de los personajes de las películas más exitosas en ventas fueron femeninos, y de ellos únicamente  el 11% desempeñaba un papel protagonista.  Es más, según un análisis de la Universidad del Sur de California, en los últimos seis años (2007-2012) solo el 28,4% de los personajes de las películas más taquilleras eran femeninos, lo cual significa que hubo 2,51 protagonistas masculinos por cada protagonista femenina.

Ellen Tejle, directora del cine sueco Bio Rio, sosteniendo la clasificación A de aprobación del Test de Bechdel. Fuente: AP

Ellen Tejle, directora del cine sueco Bio Rio, sosteniendo la clasificación A de aprobación del Test de Bechdel. Fuente: AP

La iniciativa ya está vigente en algunos cines suecos, que el mes pasado lanzaron la calificación A  para las pocas películas que pasaron el Test de Bechdel. Y es que resulta que son muchos los largometrajes que no superan esta prueba.

Ninguna parte de la trilogía de El Señor de los Anillos logra reunir los requisitos, a pesar de que aparecen personajes femeninos bastante relevantes y que de ningún modo podríamos considerar sexistas. Ni Harry Potter y el cáliz de fuego ni Harry Potter y las reliquias de la muerte 2 consiguen superar el test. Tampoco clásicos como Ciudadano Kane, a pesar de ser considerada una de las mejores películas de la historia, pasan la prueba. Vértigo de Hitchcock suspende. De El Padrino solo la secuela aprueba, con el diálogo entre Connie Corleone y su madre. La trilogía original de La Guerra de las Galaxias tampoco consigue pasar el test de Bechdel, solo los episodios I y II de la segunda saga. La mítica Pulp Fiction también se queda en el camino.

El Test Bechdel nos puede servir de guía, pero no resulta suficiente. La verdadera contribución del personaje femenino al argumento del filme no puede medirse con esta prueba. El hecho de que dos personajes femeninos, que pueden ser protagonistas o secundarios, mantengan una conversación que no trate de un hombre no nos aporta apenas información, puede que esos dos personajes sigan representando aun así los estereotipos femeninos recurrentes. Tan solo es un indicador de presencia femenina en las películas, pero lo verdaderamente importante, la psicología del personaje y el rol que ocupa, escapan a la prueba. ¿Diríamos por ejemplo que Ágora, que no aprueba el test, no promueve la igualdad y no eleva la consideración de la mujer?

Cartel promocional de Ágora.

Cartel promocional de Ágora.

De cualquier forma, lo significativo es el hecho de que se trate de enmendar el trato que se le ha dado y que se le sigue dando a la mujer en el cine. La forma en la que las mujeres son retratadas en el arte refleja su posición en la sociedad, y eso ha sido siempre así a lo largo de la historia. Es más, la forma en la que plasmemos a la mujer es la que permanece para la posteridad, la imagen que se transmite a futuras generaciones.

El cine es una de las principales formas de expresión artística de la actualidad, y ha ido ganando peso hasta convertirse en un factor muy influyente. Que se focalice la atención en la forma en la que trata a la mujer y se despierte una conciencia crítica con respecto a lo que se está viendo es lo verdaderamente importante de este asunto. Evidentemente, un cine que aspira a hacer un retrato de la realidad no va a obviar la represión y anulación a la que se ha visto sometido el género femenino, no nos presentará a abogadas decimonónicas o médicas en tiempos remotos como si aquella fuera la realidad de la época. Sin embargo, es inexcusable el papel que muchas veces se les da a las mujeres con respecto a la sociedad actual o incluso sociedades futuras, sin entrar en la estructura patriarcal que sigue predominando en los engranajes de la industria. Sin duda el Test Bechdel resulta insatisfactorio, pero puede constituir un importante primer paso.

Fuentes: S Moda, El País, 24 horas

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